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¿Había un dios homosexual en Tenochtitlan?

¿Había un dios homosexual en Tenochtitlan?
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En Tenochtitlań había deidades que representaban cada uno de los aspectos de la existencia humana y del mundo natural. Hoy quiero hablarte de Xochipilli, “el príncipe de las flores”, protector de quienes se dedicaban a las artes y quien también era el señor de las plantas, de los juegos, de la danza, de la fertilidad, de los placeres, de los juegos en la infancia y todas las expresiones de felicidad humana (códice Borgia).

 

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Pero lo que nos trae aquí es que, según el sociólogo David Greenberg -en su libro “La construcción de la homosexualidad” de 1990-, Xochipilli habría sido también la deidad de los homosexuales. Ahora te cuento por qué lo dice y tú decides si su hipótesis es forzada o no. Desde ya te aclaro que este artículo va a dejarte, como a mí, con más preguntas que respuestas, pero ya me dirás cuál es tu opinión.

Empecemos por notar que, en su representación, Xochipilli lleva tatuadas en su cuerpo flores y plantas.

No es mucho lo que se sabe sobre la homosexualidad en la América prehispánica, pero en general podemos decir que, como en la actualidad, era rechazada por algunas sociedades y aceptada por otras.

Si bien los informantes españoles como Bernal Díaz del Castillo y Hernán Cortés han dicho que en Tenochtitlan los mexica practicaban la homosexualidad, también han llegado a contradecirse con algunos otros cronistas como Bernardino de Sahagún, quien afirma que era una situación muy castigada. Así que el valor de los testimonios de uno y otro puede quedar en entredicho en cuanto a estos temas, por lo que no podemos decir si la homosexualidad era aceptada, tolerada o castigada en el México prehispánico.

Las “Cartas de Relación” de Hernán Cortés, por ejemplo, nos dicen:

“Porque aún allende de lo que arriba hemos hecho relación a vuestras majestades de los niños y hombres y mujeres que matan y ofrecen en sus sacrificios, hemos sabido y hemos sido informados de cierto que todos son sodomitas y que usan aquel abominable pecado”.

Es decir, Cortés asegura que en Tenochtitlan la homosexualidad es una práctica común y, lo que es más, generalizada para la población.

Por otra parte, Bernardino de Sahagún relata a través de sus informantes nahua:

“Sodomita, puto. Corrupción, pervertido, excremento, perro de mierda, mierducha, infame, corrupto, vicioso, repugnante, asqueroso. Afeminado. Se hace pasar por mujer. Merece ser quemado, merece ser puesto en el fuego”.

Ahora bien, ¿este testimonio que cita Sahagún fue pronunciado realmente por un habitante nahua o es la propia opinión de Sahagún como católico? Por otro lado, ¿es solamente la opinión de un nativo converso que es obligado a pensar como cristiano?

Para sumar a la confusión, un testimonio más, proveniente de la “Historia Eclesiástica Indiana”, de Fray Jerónimo de Mendieta, nos habla de la cotidianidad de la homosexualidad en épocas anteriores a Nezahualpilli, hijo de Nezahualcóyotl:

“(Nezahualpilli, tlatoani de Texcoco) por natural razón y su buena inclinación aborrecía en gran manera el vicio nefando, y puesto que los demás caciques lo permitían, éste mandaba matar a los que lo cometían”.

Ahora bien, como te contamos en otro artículo, en Tenochtitlan existía la prostitución y había una distinción entre sexoservidoras del estado y sexoservidoras civiles. Si tomamos en cuenta el comentario de Cortés sobre la homosexualidad, entonces debemos suponer que también existía la prostitución masculina.

En aquel entonces, en los códices había algunos elementos o íconos que caracterizaban a quiénes practicaban la prostitución y, en general, los excesos sexuales. Veamos el caso en concreto de las ahuianimes (alegradoras), como se llamaba a las sexoservidoras en aquel entonces, quienes -según el códice Florentino-, se caracterizaban por llevar:

  • Tatuajes en sus piernas.
  • El cabello suelto.
  • Una flor entre sus manos.

Ahora bien, existe un testimonio de Bernardino de Sahagún sobre un personaje masculino con las mismas funciones que las ahuianime en Tenochtitlan. Este era llamado “xochihua”, que se traduce como “portador de la flor”, que era un hombre vestido de mujer que ejercía la prostitución.

“…el xochihua se vestía como mujer, hablaba como mujer, corrompía, confundía y engañaba a las personas y poseía la flor…”.

Es decir, se trataba de un travesti, pues homosexual como tal se traduce al náhuatl como “cuiloni” o “chimouhqui”.

Algunos códices como el Borbónico, el Nutall y el Vaticano muestran una aceptación ritual del travestismo, pues en ellos se puede apreciar a las deidades siendo representadas por personas de sexo distinto. En el Borbónico, por ejemplo, un sacerdote viste como mujer para representar a la diosa Chicomecoatl; en el Nutall se aprecia a la señora 6 Águila vestida como guerrero para enfrentar a sus enemigos; y en el Vaticano, la luna está representada como un travesti, lo que parece indicar que el carácter ritual del travestismo le otorgaba cierta tolerancia cuando se trataba de la religión y los dioses.

Otra referencia la encontramos en la “Historia de las Indias”, de Fray Bartolomé de las Casas.

“Ciertos españoles hallaron en cierto rincón de una de las dichas provincias tres hombres vestidos en hábito de mujeres, a los cuales por sólo aquello juzgaron ser de aquel pecado corrompidos (sodomía), y no por más probanza los echaron luego a los perros que llevaban, que los despedazaron y comieron vivos, como si fueran sus jueces”.

Por lo tanto, induce Greenberg, la homosexualidad era aceptada, pero a través del travestismo. Ahora bien, dadas las circunstancias que rodean este tema y en virtud de la escasa información al respecto, la realidad es que la arqueología moderna ha tenido que armar un inmenso rompecabezas a partir de las pistas que se muestran en algunos vestigios, como es el caso de Xochipilli.

Como ya vimos, esta deidad lleva tatuajes y está adornado con flores (como las prostitutas) y es el protector de los placeres sexuales (esto incluye a las prostitutas sagradas). Greenberg señala entonces que, al ser el mismo Xochipilli representado como un hombre, pero con los atributos de una prostituta (tatuajes, flores) o de un travesti que ejercía la prostitución (xochihua), pudo haber tenido también un aspecto homosexual. Y aquí viene lo más interesante: esa faceta homosexual habría sido heredada directamente desde la cosmovisión tolteca.

Entonces, ¿los toltecas tenían más apertura sexual que sus herederos?

Según Greenberg, así lo consideraban los mexica, lo cual no les parecía algo correcto. Para que te sitúes, los mexica fueron la última migración en llegar al Valle de México y, desprovistos de una identidad cultural, asimilaron algunas costumbres y tradiciones de los habitantes del valle que se habían permeado por siglos de una herencia tolteca.

Sin embargo, parece que los mexica no consideraban del todo loable este legado e incluso criticaban a otros pueblos que conservaban esta herencia y que centraban sus esfuerzos en el florecimiento cultural y artístico y no en la guerra, como los texcocanos o los cholultecas, estos últimos, herederos míticos directos de la sabiduría de Quetzalcóatl y a quienes se habrían referido como “afeminados”, según relata Guillermo H. Prescott en su “Historia de la conquista de Méjico”:

“Acusábase a los choluseses de afeminados; y según sus rivales, distinguíanse menos por su valor que por su perfidia…”.

Sin embargo, dentro del legado que los toltecas dejaron a los pueblos que se desarrollaron posteriormente estaban, además de su idioma y su arte, su cosmovisión y, como parte de ella, sus deidades, entre las que se encuentra Xochipilli como regente del arte, los juegos, los placeres, la poesía y las flores… ¿y la homosexualidad?

 

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