El estado más grande de la República Mexicana, forma parte del desierto más grande de toda América del Norte, su capital, que lleva el mismo nombre, concentra un pasado revolucionario que resuena en cada uno de sus corridos, donde la historia toma forma de canción y en el que sus museos, monumentos, y construcciones, narran las batallas ganadas, la presencia de la fe y la influencia arquitectónica que se resiste a perder vigencia.

La ciudad por sí sola es un museo vivo, que se palpa y que se manifiesta a través de cada estatua erigida en su Centro Histórico, que abre las puertas a quienes deciden adentrarse en sus entrañas y andar a paso firme bajo el sol del clima desértico, sin caballo y sin detenerse, siguiendo las líneas imaginarias que trazaron el curso decisivo de nuestro presente, donde la División del Norte vibró con el clamor de un pueblo que hizo nación.

Con estilo barroco y una construcción que tomó cerca de un siglo en concluirse, la Catedral Metropolitana de Chihuahua es uno de los principales atractivos de la capital. Santuario del Cristo de Mapimí, el recinto cuenta además con un Museo de Arte Sacro, localizado en su sótano, donde puede visitarse su colección permanente de óleos del siglo XVIII.

El Palacio de Gobierno, una construcción de la era porfiriana ubicada al centro de la ciudad, es una de las joyas de la ciudad. Al cruzar sus grandes puertas de madera te encontrarás con un verdadero Palacio con paredes adornadas con murales que te contarán la historia de la ciudad desde 1941 hasta la época de la Revolución Mexicana. Dentro podrás encontrar dos pequeños museos, uno dedicado al héroe de la patria Miguel Hidalgo y Costilla quien fue fusilado en este lugar; el otro es una galería de armas antiguas.

Andar por Chihuahua es sinónimo de explorar un enorme restaurante, donde sus delicias gastronómicas parecen no tener fin. En donde termina un plato fuerte asombroso, inicia un insólito postre, con carne o sin ella, los chihuahuenses han sabido ingeniar alquimias irresistibles dentro de sus hornos o al calor de sus cazuelas. No olvides llevar mucho ánimo y hambre, además de unas viandas para guardar tu itacate, nos lo agradecerás.

Ya sea en plan relajado o con un sotol en mano para disfrutar del clima de Chihuahua y en la otra un montado con frijoles refritos, en grupo para compartir una discada o en pareja desayunando machaca, los sabores esta ciudad se degustan hasta cuando se recuerdan, porque el olor y sabor de su sazón es algo que una vez que descubres no te dejará.

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