Personas con VIH nos explican cómo viven su sexualidad

Por Miguel Caballero.

Miguel Caballero está acabando su tesis sobre arquitectura iberoamericana y está dando clases en la Universidad de Princeton. Además, escribe en el blog ASS sobre artistas y activistas en cuyos trabajos el VIH ocupa un lugar preeminente.

A las personas con VIH nos gusta el mambo.

Tú ya me entiendes: un buen meneo, un quiqui, una cogida, un polvo, un casquete, una cópula, una culeada, chingar, singar, cachar, follar, coger, fornicar, hacer el amor, engancharnos, revolcarnos, frotarnos, aparearnos.

Esto no te lo van a contar nunca las campañas de salud sexual, porque en ellas no existimos. Así que hemos decidido coger el toro por los cuernos y contártelo nosotros mismos. Somos mujeres y hombres con VIH, bien informados y empoderados, y con unos cuerpos que se merecen muchas alegrías.

Empecemos por el principio: todo el mundo tiene derecho a una sexualidad plena.

Pero, ¿qué riesgo real hay al tener sexo con una persona seropositiva? Pues mira, hoy sabemos que si la persona conoce su estatus serológico positivo y está en tratamiento con carga viral indetectable NO puede transmitir el virus. No lo digo yo, lo dice la ciencia. Lo han descubierto unos científicos que han hecho un estudio muy entretenido: consistió en monitorear relaciones sexuales con penetración en las que uno era seropositivo con carga viral indetectable y el otro seronegativo. Esto tanto en parejas heterosexuales como homosexuales. Propusieron este estudio para comprobar lo que desde hacía tiempo ya intuíamos: que con carga viral indetectable el virus no se transmite.

En el conocido como Estudio Partner monitorearon no uno, ni dos, ni tres polvazos, sino 58.000. 58.000 relaciones sexuales serodiscordantes a pelo. ¿Sabeis cuántas infecciones de VIH se dieron?

Ninguna. Fíjate lo que ha avanzado la ciencia.

Esto si la persona con VIH tiene carga viral indetectable, es decir, está en tratamiento y la cantidad de virus en sangre es tan pequeña que los tests no la pueden detectar. Pero, ¿qué ocurre si la persona con VIH no está en tratamiento por cualquier motivo, o no tiene carga viral indetectable? Pues que si es consciente de su estatus serológico, muy probablemente estará bien informada y sabrá cómo actuar. La cuestión es ésa, tener la información y saber actuar acorde a ella. No meter la cabeza bajo tierra como el avestruz, sino estar en control de la propia salud sexual, saber cómo cuidarse.

Hoy sabemos que si la persona conoce su estatus serológico positivo y está en tratamiento con carga viral indetectable NO puede transmitir el virus

El problema es que toda esta información ha circulado poco, y casi nadie la conoce. Peor aún: muchos de los que sí la conocen piden que no la aireemos por ahí, como si fuese a provocar un efecto llamada: “Vengan a follar con el seropositivo, que tiene un virus de mierda que ni se transmite ni ná”.

No, ¿verdad?

Aún así, nos siguen pidiendo que nos callemos, para evitar que esto sea Jauja, y todo Dios se lance a follar sin condón. O sea, que nos sigamos tragando el estigma y el silencio, para que al seronegativo no se le vaya la cabeza, se olvide de las demás ITS, y diga adiós al preservativo.

Somos adultos, comportémonos como tal: la información en la mano, que cada cual se responsabilice de lo que hace con su cuerpo y aprenda a cuidarse. Querido/a amigo/a seronegativo/a: tú, y solamente tú, eres responsable de las decisiones de salud sexual que tomas. Basta de culpar al seropositivo de lo que tú decidiste hacer.

Las personas con VIH que aparecemos en este artículo pensamos que las epidemias se combaten con información y madurez, no con campañas del miedo que mantienen vivos estereotipos y datos de cuando el Muro de Berlín seguía el pie. Es 2016, actuemos acorde a la realidad de 2016.

Nuestras historias son guasonas, desvergonzadas, pero también tremendamente sinceras y nada fáciles. Casi todos hemos pasado por un momento de negación de nuestra sexualidad tras el diagnóstico, en un mundo que tilda nuestro sexo como peligroso, aunque los datos científicos digan lo contrario. Hemos resurgido poco a poco para reivindicar nuestro cuerpo, nuestra piel, nuestro derecho humano al placer y a una sexualidad íntegra, sana y feliz.

No estamos pidiendo sexo desesperadamente. A ver, si algo cae, está rico y sabe moverse, que escriba. Pero no es el objetivo principal. El objetivo principal es doble:

Primero, decir que existimos, que tenemos nombre, cara e historia, que nos gusta el sexo, que lo disfrutamos, que somos soberanos de nuestros cuerpos.

Segundo, que estamos hasta el mismísimo de que nos carguen con toda la responsabilidad de la salud sexual. Nosotros no tenemos obligación de revelar nuestro estatus serológico; lo revelamos si queremos. Cada persona tiene la obligación de asumir las consecuencias de las decisiones de salud sexual que toma.

Hoy día, a pesar de que la serofobia continúa prevaleciendo, cada vez hay más personas informadas que admiten de buen grado vivir o trabajar con una persona con VIH. Sin embargo, el sexo sigue siendo una última frontera, se sigue viendo como un riesgo, a pesar de que la ciencia es tajante en que nuestra capacidad de transmisión del virus es ínfima o nula. Por eso nos reivindicamos desde ahí, desde la sexualidad, porque por la sexualidad empezó todo y en la sexualidad está uno de nuestros mayores retos. Porque tenemos derecho a vivir plenamente nuestra sexualidad, ganarle la batalla a la vergüenza que nos imponen, aprender a cuidarnos, y gozar.

VIH Y SEXO ORAL

 Mariana tiene 33 años y fue diagnosticada VIH positivo hace trece. El mayor cambio en su vida sexual antes y después del diagnóstico lo experimentó en el sexo oral: “Imagina, yo pasé una década sin que me hicieran sexo oral”. Llegó a tener un novio de tres años que jamás se lo practicó por miedo. Pero los cambios fueron más allá: “También tuve un novio de unos diez meses con el que jamás pudimos llegar a la penetración. El chico tenía mucho miedo y nunca lográbamos hacerlo, hasta que por eso la relación comenzó a volverse extraña, pues yo me sentía totalmente insatisfecha sexual y emocionalmente”. No es fácil: durante mucho tiempo, antes del Estudio Partner, la información sobre riesgo de transmisión no era muy específica, había pocas certezas. Intuíamos que el riesgo con personas indetectables era muy bajo, pues no se producían casos de infección a partir de un indetectable, aunque faltaba la evidencia científica. Hoy que sabemos que no hay ningún caso de transmisión de persona indetectable recogido en estudios científicos todo es diferente

Por supuesto, las personas con VIH somos las primeras que queremos cuidar de nuestras parejas, pero unas veces la falta de información no lo pone fácil; otras, aunque la información esté disponible, el miedo irracional nos nubla y determina nuestras decisiones. Por eso Mariana se decidió a co-escribir una suerte de manifiesto en favor del derecho al placer sexual de las mujeres con VIH compuesto por consejos para chupar la vagina, la vulva y más allá de mujeres como ella: “Antes de chupar, tócala toda, por dentro y por fuera. Tómate el batido con ganas”. Aquí puedes leerlo entero. Y hoy, ¿qué es lo que más disfrutas en el sexo?, le pregunto. “Pues seguro que tú esperas que te diga que el sexo oral o el sexo anal, pero no. Lo que más disfruto en el sexo es que la persona que esté conmigo no sienta miedo”. Mariana tiene hoy pareja estable, seronegativo, con quien disfruta de todas las posibilidades del sexo, incluso sin preservativo.

EN EL CUARTO OSCURO

Raúl tiene 26 años y fue diagnosticado VIH positivo hace ocho. “La sexualidad me definía y me define por completo. Soy una persona muy sexual, puedo tener encuentros con parejas casuales varias veces por semana. Por eso, cuando recibí el diagnóstico, el proceso de duelo fue muy complicado. La forma en que me comunicaron el positivo tampoco ayudó, pues mi médico me dijo que mi vida sexual se había acabado”. Las personas con VIH nos encontramos a menudo con que la fuente de estigma y desinformación son los propios sanitarios que nos atienden. “Cuando un médico te dice eso, a los 18 años, te derrumbas, porque en ese momento un médico es lo más para ti, es la única referencia que tienes para seguir sobreviviendo. Sabiendo lo importante que es la sexualidad en mi caso, en aquel momento sentí que algo en mí se moría”. De tener sexo varias veces por semana a no tener sexo durante más de un año. Esta fase que vivió Raúl no es fuera de lo común, pues muchas personas pasan por un proceso de negación de la sexualidad tras el diagnóstico, una mezcla de inapetencia, miedo a exponer a alguien al virus cuando aún no tenemos toda la información en la mano, y miedo de exponernos nosotros a la violencia de los demás al comentar nuestro estatus serológico.

Raúl fue reencontrándose con su cuerpo poco a poco y reivindicando su derecho a una vida sexual plena. Para ello, fue fundamental su experiencia en los cuartos oscuros. “Descubrí que los cuartos oscuros funcionaban para mí como unos santuarios donde festejar mi cuerpo. Allí no tenía que hablar, ni exponerme al miedo de los demás, o a los prejuicios. Me sentía completamente liberado, y así pude reconstruir mis relaciones sexo-afectivas, también fuera del cuarto oscuro”. El camino hacia recuperar la sexualidad fue largo, innecesariamente largo por la falta de recursos sociales que informen sobre cómo poder continuar disfrutando de la sexualidad de forma sana y plena. Hubo momentos tensos, reacciones agresivas de parejas sexuales al conocer su estatus serológico: “Aunque antes me causaban mucho dolor, hoy en día no contesto a esas reacciones, no me importan. Pero quiero dejar claro que lo que no me importa no es el hecho de que la otra persona esté en riesgo durante alguna práctica. Es mucho más seguro tener sexo con alguien que se sabe positivo, que está bajo tratamiento, o que conoce las estrategias de reducción de riesgo. Si esas reacciones no me importan es porque están basadas en la ignorancia o en el miedo irracional. Yo hoy no tengo miedo de vivir una sexualidad libre”.

EL PRESERVATIVO NO ES PARA MÍ

Nicolás Alejandro tiene 30 años y fue diagnosticado hace cuatro. Su primera relación de pareja determinó la forma en que afrontó el sexo desde entonces. “Yo tenía 18 años, era virgen. Él era unos años mayor que yo, moreno de ojos oscuros, mi tipo ideal. Duramos un año y medio, pero desde los cuatro meses estábamos viviendo juntos. Todo lo que me proponía en la cama me daba miedo, porque yo era completamente inexperto. Tardé seis meses en poder hacer de pasivo, porque meterme sus 21 centímetros no fue fácil. Pero me gustó tanto…. Nunca usamos condón y este hecho me marcaría para siempre”. Nicolás cuenta que siempre ha tenido muchas dificultades con el preservativo. Intentó usarlo repetidas veces, pero una vez entraba el condón en escena, era imposible seguir excitado. Durante seis años siguió disfrutando del sexo sin condón con diferentes parejas, pero siempre con inquietud: “sabía que estaba jugando con fuego, y me quemé. Ahí comenzó toda una temporada de rechazos, pues casi todas mis parejas sexuales me dieron la espalda. Mi madre tampoco ayudaba, pues no había dejado de repetirme lo de ‘eres gay, terminarás siendo seropositivo’. Por eso decidí ocultar mi estatus serológico, renunciar a la posibilidad de tener pareja y enfocarme en mi vida profesional”.

Pasó bastante tiempo, hasta que Nicolás conoció a su actual novio. Tan convencido estaba de que no volvería a estar con nadie y de que aquello no se convertiría en algo estable pospuso bastante la conversación en que contó a su chico que vivía con VIH: “Me di cuenta de que aquello iba para largo, así que al final se lo dije por respeto hacia él y para encontrar paz interior. En principio se enfadó y lo entiendo. Pero luego hizo un esfuerzo increíble por entender mis miedos y mis penas, así que seguimos adelante con la relación”. Nicolás es enfermero y su novio estudia medicina. Ambos conocen perfectamente la realidad del virus hoy. No obstante, sigue siendo un reto controlar los miedos irracionales. “Le terminé hablando de la posibilidad de tomar PrEP, pero no es seguro que se lo receten aquí. Veremos. De momento estamos negociando los pros y los contras. Pero es una mierda sentir que él pasa miedo cuando está dentro de mí. Vencer el miedo irracional es nuestro gran reto”.

LA RESPONSABILIDAD ES SIEMPRE COMPARTIDA

L’Orangelis tiene 28 años y nació con VIH. Por eso siempre tuvo la preocupación sobre cómo afrontar las relaciones sexuales: “No sabía qué hacer, cómo manejarlo. Simplemente pensaba que no debía tener relaciones sexuales y que no debía tener hijos, pero no porque mis hijos también fueran a tener VIH, sino porque yo asumí que iba a morir pronto”. Las personas que nacen con VIH, o de transmisión vertical, tienen una serie de retos específicos por su experiencia de infancia y adolescencia con VIH. L’Orangelis asumía estos retos junto con el de ser mujer con VIH y afrontar una posible maternidad. Hoy las mujeres con VIH pueden tener embarazos sin complicaciones particulares, y existen los medios para evitar la transmisión del virus al hijo. “La posibilidad de ser madre ni se me pasó por la cabeza durante mi adolescencia. Ahora sí sé que puedo, pero la verdad es que no estoy interesada en tener hijos”.

L’Orangelis ha tenido experiencias en todos los sentidos, de las más dolorosas a las más curiosas. Por ejemplo, había un chico que quería tener sexo con ella, y ella no estaba muy convencida. Como no era la primera vez que un potencial amante desaparecía al saber que ella vivía con VIH, en este caso intentó usar el VIH como escudo: “Yo le dije que tenía VIH porque no quería tener relaciones sexuales con él, intenté usar el estigma que la mayoría tiene, pensé que iba a ser uno de los tantos chicos que se ha alejado durante mi vida”. Pero no le funcionó: “aun sabiendo lo del VIH seguía con la misma calentura”.

La segunda historia es más complicada, porque supuso la pérdida de una amistad de toda la vida. “Nunca tuve tanta química con alguien, nos pasábamos horas hablando, nos gustaba la misma música. Hasta que una noche nos emborrachamos juntos y tuvimos sexo. Aunque usamos condón casi todo el tiempo, en el camino a la habitación, por el pasillo, me penetró sin preservativo durante unos cinco segundos”. Poco tiempo después, ella le comentó lo de su estatus serológico, y él montó en cólera, reprochándole no habérselo contado antes, y acusándola de haber puesto en riesgo no sólo a él, sino a la chica con la que él estaba empezando a salir. No es difícil encontrarse en una situación como ésta, en que a las personas con VIH nos culpan de las decisiones que el otro o la otra toma. Él decide tener sexo a pelo -durante cinco segundos- y la culpa es de ella. Él decide tener sexo a pelo con otra persona, aunque tenga pareja estable, y resulta que la persona seropositiva es la que puso en riesgo a él y a la novia de él. Muchos creen que los seropositivos tenemos que asumir la responsabilidad de decisiones que no son meramente nuestras.

De hecho, en el caso de L’Orangelis no hubo riesgo, pero el miedo cegó a su pareja sexual: “Le conté que era indetectable, que la probabilidad de infección era remota, pero no encontró en internet la información que le confirmara lo que yo le decía. Concluyó que le estaba mintiendo, y me pidió un tiempo sin hablar. De eso hace ya cinco años, no he vuelto a saber de él. Una amistad súper linda, que se acabó por eso”. L’Orangelis es actualmente una activista visible, y ha tomado la decisión de revelar siempre su estatus serológico a sus parejas sexuales: “Pero es mi posición personal, no una obligación, entiendo que esto depende de cada persona. Lo importante es conocer los riesgos reales y saber cuidarse. Después de la experiencia difícil de perder a un amigo, decidí ser visible porque a mí no me gusta vivir con preocupaciones ni con miedo, sobre todo en los asuntos que ya tengo superados. El VIH yo ya lo tengo superado”.

MÁS ALLÁ DE LA MONOGAMIA SEROCONCORDANTE

Emanuel tiene 31 años y vive con VIH desde hace tres. “Hace un tiempo comenzó a seducirme la idea de participar en orgías, así que decidí hacer explícito este deseo en Grindr y otras aplicaciones. Las personas promiscuas sabemos perfectamente que quien busca, encuentra. Así que acabé en un grupo de whatsapp que organizaba orgías regularmente. La primera vez que asistí iba un poco tímido, pero terminé por unirme. Recuerdo que al llegar encontré seis cuerpos desnudos en una cama king size“. Emanuel se convirtió en uno de los miembros regulares de esas orgías. Fue después de recibir su diagnóstico. En aquellos encuentros regulares conoció a un chico con el que conectó particularmente: “comenzamos a acordar citas nosotros solos, y la complicidad fue tal que abrimos el juego a otras posibilidades: saunas, lugares públicos, juguetes. Pero igual también podíamos pasar tardes en el sofá viendo películas de Miyazaki, leyendo o dibujando”.

De fondo, Emanuel, como todas las personas que viven con VIH, se planteaba si debía o no informar de su estatus serológico a su incipiente pareja, cuándo y cómo, momento para el que no hay reglas y que nadie nos enseña a afrontar. Él comenta que es consciente de que ambas personas son responsables de sus decisiones sobre salud sexual. Es injusto cargar siempre al seropositivo con la responsabilidad de las decisiones que toma el seronegativo. De todas formas, es inevitable llenarse de dudas. Así las expresa él: “¿Es legítimo cargar con el miedo, la ignorancia y los prejuicios de quienes se suponen seronegativos? ¿Cómo entra en juego lo dicho y lo no dicho en las relaciones sexuales? ¿Cómo se conjuga la responsabilidad, la libertad y el deseo cuando uno se ve implicado afectivamente por el otro?” Todo esto pasaba por su cabeza conforme la relación con su amigo-amante se volvía más íntima. Finalmente se lo contó: “‘Mira (le dije), nos venimos viendo desde hace un tiempo y siempre nos cuidamos, pero siento la necesidad de decirte que tengo diagnóstivo VIH positivo y hace tiempo que estoy en tratamiento’. Me miró, se sonrió, y ahí llegó la sorpresa: ‘Bueno, mira, yo también vivo con VIH'”.

A veces damos por hecho que todo el mundo es seronegativo, pero no es así. Emanuel inició una relación seroconcordante, que tiene las ventajas de que las personas con VIH no se someten al juicio externo por su diagnóstico, así como haber compartido ciertas experiencias de vida. De hecho, muchas personas que reciben un diagnóstico de VIH piensan que encontrar una pareja les será muy difícil, y que, en caso de encontrarla, ésta debe ser seropositiva también, para así evitar prejuicios y miedos. Emanuel está convencido de que hay que cuestionar todo esto, de que un diagnóstico de VIH no debe limitarnos ni cambiar la forma en que afrontamos una relación. En su caso, él siempre tuvo claro que la monogamia romántica y seroconcordante no era el fin, y el VIH no debía cambiar este posicionamiento: “Continuamos viéndonos, ensayando acuerdos sexoafectivos por fuera de las pretensiones de posesión y exclusividad. No resulta fácil romper con algunas ideas preconcebidas de cómo debe vivirse el amor, más aún cuando tenés un diagnóstico positivo”.

SEXO Y CARGA VIRAL DETECTABLE

Santiago (a la izquierda en la foto) tiene 26 años y fue diagnosticado hace tres. “Al principio, cuando me enteré, sentía rechazo por el sexo, pero luego, poco a poco, te vas dando cuenta de que ésa es una primera etapa de maduración psicológica que te impone el virus, y que terminas por superar cuando comprendes que no haces daño a nadie si te cuidas debidamente”. Desde hace siete meses está en una relación serodiscordante -su pareja es seronegativo (a la derecha en la foto)-, y el virus no ha sido un impedimento para disfrutar del sexo: “Lo que más me gusta es acabar sobre el pecho de mi novio. Esto si no me acabo dentro, y siempre con condón, claro. Nos gusta masturbarnos mutuamente y acabarnos juntos, apuntando lo más lejos posible de los ojos y la boca”.

El camino no siempre fue sencillo, y tuvo sus momentos tensos: “Una vez un chico que me practicó sexo oral se enteró de mi estatus serológico, y me hizo un escándalo. Yo le contesté a modo de gracia, pero con mucha verdad: ‘Anda a saber cuántas chupaste, y no sabías nada de su estatus.’ No me volvió a hablar nunca más”.

Le pregunto a Santiago si, ahora que sabemos que la indetectabilidad significa que no podemos transmitir el virus, él y su pareja han considerado tener sexo sin preservativo: “No lo hemos considerado porque yo aún no he comenzado a tomar medicación, pues mi carga viral es baja y mis defensas están altas. Hasta ahora he estado bien sin medicación. Pero ahora estoy planteándome si empezar tratamiento, y si comienzo y tengo carga viral indetectable, sin duda consideraremos la posibilidad de no usar preservativo”.

Esto han sido unas pinceladas sobre historias más complejas y ricas en experiencias. Si quieres leer las versiones extendidas de estas entrevistas, y mucho más sobre sexo y VIH, te invito a pasar por mi blog ASS- (Amor, Sexo y Serología).

  Fuente: VICE

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